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OCTOPUSSY, el Super-Yate que desafió al Rey Juan Carlos.

Les dejamos la publicación que ha hecho el diario Expansión a partir de nauta360.

El polémico magnate del automovilismo  John Staluppi  es un amante de la velocidad. Creció entre motos y coches de carrera, una pasión que luego trasladó al mar con varias lanchas offshore (motonáutica). A mediados de la década de los 80, se dispuso a dar un paso más: tener el superyate más rápido del mundo. No era un deseo fácil de cumplir porque por aquel entona la industria náutica no tenía viabilidad a un proyecto de ese calibre. Existían barcos de lujo grandes, pero no eran rápidos.

En el verano de 1986, el empresario estadounidense ya había comprado los motores y propulsores -lo que para muchos es comenzar la casa por el tejado- y comenzó a buscar diseñadores que se atrevieran a esbozarle un yate para incorporarle más de 10.000 caballos de potencia. Finalmente, dio con Frank Mulder«El yate más rápido del mundo pertenecía al Rey de España [fue un regalo que el rey Fahd de Arabía Saudí le hizo a Don Juan Carlos en 1979], que alcanzaba una velocidad máxima de 50 nudos; así que

tendría que superar esa velocidad», recuerda en el documental Mulder, quien le pidió a Staluppi seis semanas para hacer cálculos y comprobar que se trataba de un desafío factible. Pasado ese tiempo, el arquitecto naval aceptó el trabajo.

El siguiente paso era encontrar un astillero. Mulder y Staluppi presentaron el proyecto a varias empresas de Inglaterra y Alemania, pero ninguna se comprometió al considerar que se jugaban su prestigio en un yate inconcebible. La solución estaba en los Países Bajos, en un astillero que había comenzado a fabricar barcos en 1978. Frans Heesen, fundador de Heesen Yachts, vio en ese encargo una oportunidad de oro para conseguir reputación a nivel internacional y aupar a su compañía a lo más alto del sector náutico, aunque también era consciente de que, en caso de fracasar con ese yate, las consecuencias podían ser nefastas.

Frans Heesen desvela en la película una cláusula del contrato firmado con el cliente que demuestra hasta qué punto resulta trascendental no fallar:  «Si el yate no alcanza los 50 nudos, el astillero tenía que pagar 100.000 dólares por cada nudo de menos» .

Y el  Octopussy  comenzó a tomar forma. El departamento de diseño de Heesen Yachts llevó a cabo un  trabajo manual , a la vieja usanza, trazado a trazado, puesto que  el equipo no contaba con computadoras . Se busca una embarcación de entre 120 y 140 pies (entre 36,5 y 42,6 metros), ya que Staluppi consideró que todo el código de barras por debajo de los 100 pies no tenía ningún un superyate. Cada metro de eslora aumentaba exponencialmente el reto de los ingenieros: cuanto más largo es un código de barras, también es más pesado, lo que afecta a la velocidad.

También queríamos que su capricho tuviera un estilo diferente a los cañones de la época. Exigía un barco moderno, no «una caja» flotante . El resultado fue un código de barras estilizado, que una vista simple denotaba que estaba hecho para alcanzar grandes velocidades. Su fina silueta se fundía con gusto con las ventanas planas y ahumadas.

Cuando el casco estuvo construido, John Staluppi viajó de Estados Unidos a Holanda en su avión privado cada dos semanas. Quería conocer cada detalle tecnológico y proponía y descartaba a partes iguales. Un momento crucial fue el montaje de los motores, tres unidades grandes ( 16 V 396 TB94 con 3.500 cv cada una ) y unos  propulsores de chorro de agua Kamewa  que nunca antes habían sido instalados en un yate

La importancia del peso también se refleja en los  interiores . Hubo que apostar por un estilo moderno y lujoso en el que cada elemento necesario será revisado exhaustivamente para no agregar kilos de más. Se emplearon maderas y compuestos livianos para suelos y paredes. La mujer de Staluppi fue la encargada de comprar los electrodomésticos , recibiendo la premisa de su marido de que debían pasar por la báscula.

Y llegó el momento de la verdad, del éxito o del fracaso.  En abril de 1988, el Octopussy fue botado  y comenzó las pruebas de velocidad. Allí estaba John Staluppi, dispuesto a verificar si su embarcación era la más rápida del mundo. «[En el astillero]  sin restricciones GPS, así que comprueba una pistola de medición de velocidad láser como los que emplea la Policía «. Y lo que vio en la pantalla de su pistola en cuanto la embarcación fue exprimida en el agua no le defraudó:  52 nudos .

Sin embargo, al volver a las instalaciones, Frans Heesen ordenó sacar el código de barras del agua. Quería eliminar unas piezas de popa, unas cajas cerca de los propulsores. El nerviosismo se apoderó de los trabajadores, ya que esa decisión podría echar al traste el trabajo realizado. No fue así. De nuevo en el agua, el Octopussy voló hasta los  53,17 nudos , un nudo adicional. Acababa de nacer una leyenda.

Les dejamos el enlace del documental completo en YOUTUBE: 

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